Claudio Cerdán retrata como pocos la cara escondida de Alicante en El país de los ciegos. Foto: LCV

Tenía que venir alguien de fuera para firmar la mejor novela negra ambientada en Alicante que se recuerda. “El país de los ciegos”, el hard boiled de Claudio Cerdán (Yecla, 1981), es un thriller literario que transita por los callejones oscuros y los rincones más sórdidos de esta ciudad. Alicante aparece retratada como un nido de cucarachas en el que las mafias, los empresarios desalmados y la clase política corrupta luchan por su cuota de poder.

NACHO ALTED. Alicante / 21 de junio de 2011

Lo primero que te viene a la cabeza tras leer “El país de los ciegos” es que un autor tan joven tenga una visión tan apocalíptica de la realidad que le rodea.

Provengo del mundo de la novela negra y a la hora de escribir este tipo de literatura hay una serie de claves. Cuando escribí esta historia quise escribir esa parte que no se ve en las postales turísticas. El protagonista de esta novela, el Tuerto Durán, tiene una mirada muy acorde con su personalidad. Describe la sociedad alicantina desde un punto de vista oscuro, lúgubre, pero a la vez real, pues solo hay que asomarse a las portadas de los periódicos para entender que Alicante es un sumidero de corrupción. En cualquier caso no hay que atribuirle a un escritor la forma de pensar y opinar de sus personajes. Esto es como decir que Stephen King es un psicópata porque narra historias sobre las pulsiones más abyectas del ser humano.

Alicante aparece retratado como un infierno urbano. En este sentido se parece mucho al Poisoville de “Cosecha roja” de Dashiell Hammet. ¿Qué grado de influencia tiene la novela del maestro del hard boiled?

Hammet inventó una nueva forma de narrar la novela negra. Bajó la historia detectivesca a los bajos fondos. Es uno de los escritores que más me gustan. Y “Cosecha roja” es un clásico. Todavía sigue vigente, y mira que la han machacado y la han plagiado, pero la historia original todavía pervive. La obra de Hammet es curiosa porque se trata de delincuentes matándose entre sí, aquí hay poca investigación, los personajes nobles apenas aparecen. En realidad todos están al servicio de los gangsters, de los clanes mafiosos. Hasta la policía está enfangada. Lo que me atraía de esta novela era precisamente eso. La codicia que existía por el poder. Los códigos entre los mafiosos. La ciudad como nido de cucarachas.

¿Cuánto hay de ficción y de realidad en su novela? Las descripciones son muy realistas. La documentación sobre la historia reciente de Alicante es exhaustiva. Hasta los personajes parecen basados en empresarios que han pasado de las páginas de economía a las de sucesos.

Solo tenía la historia del protagonista, el Tuerto Durán, y decidí contarla en Alicante. Eso le iba a dar mucha verosimilitud. Los casos sobre delincuencia y corrupción están extraídos de la prensa. Y me ayudaban a localizar a los personajes. Cuando viví un tiempo en San Vicente, leí por ejemplo que un mafioso residía en una mansión de la periferia y que se había operado la cara para evitar ser descubierto por la policía. Todo eso me ayudaba a configurar la narración. El decorado es absolutamente real. Cualquiera que viva en Alicante sabe que por determinadas calles no tiene que pasar a determinadas horas.

¿Es “El país de los ciegos" también un ajuste de cuentas? Algún personaje periférico parece extraído de su propia experiencia personal.Claudio Cerdán debuta en la novela negra con El país de los ciegos. Foto: LCV

Esta novela la ideé hace muchos años, aunque se publique ahora. Antes hubo unos cuantos esbozos. No me atreví a publicarla hasta que me vi preparado. Todas las notas que iba creando, las iba sumando al grueso de la historia. De ahí que muchos personajes salgan de esa época en la que la novela tomaba forma. Entre ellos, algún que otro profesor que me dio clases en la Universidad. Pero no hay ningún atisbo de venganza. Al contrario, solo reflejo lo que me encontraba. Un profesor que se autoproclamaba pacifista, pero que decía haber participado en Mayo del 68 abriendo cabezas con un paraguas. Eso me llamaba mucho la atención. Quería presentar muchos personajes, cada uno con su historia. 

Uno de los logros de “El país de los ciegos” es ese descenso a los bajos fondos de la ciudad. Resulta una travesía por el infierno alicantino. El protagonista recorre todo tipo de antros sórdidos: cines porno, puticlubs, bares de mala muerte, incluso la rebotica de un tanatorio. Decía Ferran Torrent que él recorría en persona todos sus escenarios literarios para darle verosimilitud al asunto. ¿Usted también hace esto o por el contrario es más un novelista de despacho?

Me pones en un compromiso. Espero que mi madre no lea esto, pero en fin…La verdad es que entrar a un prostíbulo es relativamente sencillo. Hace un par de meses fui a una despedida de soltero y acabó en un sitio con gente con edad para pecar. Básicamente tomamos un cubata y hablamos con las chicas. Lo que hay después todo el mundo lo sabe y esas escenas se pueden escribir más con imaginación que con otra cosa. Luego te vas informando con gente que ha ido más que tú. Te van diciendo por ejemplo los trucos. Alguien me dijo en una ocasión que cuando se acude a un prostíbulo hay que esperar al menos media hora, pues seguramente la chica que mejor esté estará ocupada y tardará ese tiempo en aparecer. Una vez pasado ese tiempo, puedes tener sexo con la mejor profesional del local. Parece sórdido y duro, pero todas esas cosas las voy anotando. 

Su novela es una historia de excesos. ¿No teme que le acusen de violencia gratuita en sus relatos?

Quería que mi personaje fuese un tipo duro desde el inicio, que intimidase con sus palabras, con su mirada a través de un solo ojo, con su forma de andar, con todo. Entre ello, por supuesto, que golpease antes de preguntar, pues en eso consiste la intimidación realmente. No quería peleas en plan Bruce Willis, con escenas en que se van pegando puñetazos durante diez minutos. No me interesaba eso. El Tuerto Durán juega con el miedo todo el rato, y eso me llegaba a crear algún que otro problema. Por ejemplo cómo le puedo dar miedo al protagonista. En este sentido, los antagonistas debían ser auténticos perturbados.

¿Cómo definiría la historia del Tuerto Durán en una línea?

Siempre digo que la novela es una historia de segundas oportunidades. Y éstas no deben ser ni buenas ni malas. Pueden ser para la venganza, para volver al mundo del crimen, para lo que sea. Prácticamente todos los personajes tienen una segunda una oportunidad. 

¿Puede ser “El País de los ciegos” algo más que una crónica social?

Aquí también encontramos redención, la búsqueda de una salida de un pasado conflictivo. Una de las pocas cosas que le quedan al Tuerto Durán tras salir de la cárcel es la amistad. Confía en los amigos ciegamente, pues sabe que no le han fallado hasta el momento. Hay mucho del concepto de banda. De sobrevivir todos juntos aunque luego también cada uno vaya por su cuenta. Farlopero López tiene sus trapicheos. El Chino es un mercenario, etc. Pero cuando hay un problema gordo y va la cosa mal se unen y la lealtad florece.

El Tuerto pasa de villano a héroe por el capricho de unos pocos. Aquí hay algo del Travis de “Taxi Driver”.

Bueno es una crítica a los medios de comunicación y a los políticos. Llega un momento en que lo tratan como una marioneta, a él y a otro de los personajes. Pero pasan un par de semanas y dejan de ser actualidad. Pero así es esta sociedad mediática. En poco tiempo ya casi nadie se acordará de lo de Japón.

Pasemos a la estructura de la novela. El andamiaje está construido a la vieja usanza, a base de capítulos, una fórmula que ya casi no se usa. ¿Es un homenaje a las novelas pulp o un recurso para tirar de la historia sin perder al lector?

Vengo del relato corto y mis relatos cortos suelen tener pocas elipsis. Son historias con una narración simultánea. Narran todo lo que sucede en ese momento. Entonces cada capítulo te cuenta casi una historia independiente. De esta manera poco a poco voy formando un gran puzle. La lectura final te permite colocar cada pieza en su sitio. Es una forma sencilla pero eficaz.

¿Y esa costumbre de titular cada capítulo con un par de palabras, como si fueran fogonazos?

Ya no suelo hacerlo, pero antes me ayudaba en la narración. Era como una ventana por la que el lector se podía asomar y hacerse una idea de lo que iba a ocurrir.

También resulta un formato bastante audiovisual. “El país de los ciegos” es más como una serie que como una película. 

Sí, estructura de película no tiene. Como mucho una serie. Hay un momento en que la novela va en plan cuesta abajo y sin frenos. No hay espacio ni siquiera para pararte a respirar. Las películas sí que tienen como tres actos muy definidos, que se van enganchando unos con otros.”El país de los ciegos” sería un producto más directo. 

¿Cómo planifica las tramas paralelas?

Suelo tener la idea pensada y sé dónde van a coincidir las tramas. Sí que es verdad que algunas veces la propia trama te la da el personaje. Pero al tratarse de una investigación detectivesca intento soldar todas las partes. El cómic me ha ayudado mucho en todo esto. Se visualiza la estructura mucho mejor. Desde el punto de vista literario, es evidente que me ha influido mucho “La Dalia Negra” de James Ellroy. Quise hacer algo parecido. Obviamente mi novela no le llega ni a la suela de los zapatos. Pero sí intenté perfumarla con el espíritu del bestseller de Ellroy. Sobre todo la adrenalina de los personajes.

El estilo que utiliza es aparentemente mundano, sencillo, pero del que de repente florecen frases potentes, muy líricas. ¿Le gusta jugar al despiste con el lector?

Bueno, el Tuerto Durán cuando se pone filosófico puede llegar a ser muy profundo, aunque venga de un mundo tan prosaico como la trena. Pero esto suele suceder a menudo. Si tú estás en la barra de un bar y observas la conversación entre dos parroquianos, de repente uno de ellos, no sé si inspirado por las musas del alcohol, puede llegar a soltar un palabro como ignominia. Al Tuerto le pasa algo parecido. Es un tío con mucha experiencia, ha vivido. Y aunque parezca un tipo duro, en realidad es un romántico, por eso le dice a una de las prostitutas que detrás de esas grandes tetas se esconde un gran corazón.

La novela está teniendo una gran aceptación. Es una de las más vendidas en la sección de literatura policíaca de una importante superficie comercial. Incluso hay apalabrada alguna traducción al francés. ¿Se encontrará como en una especie de nube?

Lo que más me llama la atención es que vengan lectores aficionados a esta literatura y me digan que les ha gustado mucho. Se ve que no había novelas de este tipo, ficciones tan duras protagonizadas por criminales. Con Larsson por ejemplo se ha vuelto a la novela negra de la alta sociedad. Prefiero el hard boiled, la historia del perdedor que busca su redención. 

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